lunes, 25 de octubre de 2010

Nicolás de Piérola en la Historia del Perú

Fuente: Blog "Dignidad Nacional".

Seguramente Nicolás de Piérola debe ser uno de los personajes que más daño ha causado al Perú y sin embargo, a través del tiempo se le ha rendido pleitesía y hasta la principal avenida de Lima lleva su nombre. En las escuelas y colegios del país nunca se narró la historia verdadera de este político que le tocó ser una figura preponderante en los aciagos años de la Guerra del Pacífico, por el contrario se le menciona como al patriota que dio todo de si, por su patria.

Ni los conocidos historiadores, Jorge Basadre, Pons Muzo ni otro, se atrevieron a escribir la verdad sobre Piérola y no porque no supieran cual era lo cierto, sino, por el temor que casi siempre han tenido estos intelectuales a las clases dominantes y de poder en el Perú, además sabían que pasando por encima de monstruosas verdades, podrían sus libros ser aceptados por el Ministerio de Educación del Perú y por otro lado serian reconocidos como hombres ilustres. Por ejemplo, nadie dijo que en realidad la guerra del 79 no fue con Chile, sino que fue con un país poderoso como Inglaterra, la primera potencia del mundo en esos años, que uso a Chile como instrumento para arrebatarle a Perú y Bolivia las riquezas que guardaban su suelo, riquezas que como era natural fueron a parar a las empresas inglesas después. Como una muestra de esto, puedo señalar que Chile, por la adquisición de sus blindados Cochrane y Blanco Encalada, no pago ni un solo peso a Inglaterra que los construyó.


Sin embargo es importante que la historia real se vaya abriendo campo, porque como es sabido, solo los pueblos que conocen y respetan su historia pueden aspirar a un futuro mejor. Para no explayarnos en este tema nos centraremos en una parte de la historia.


Era el mes de noviembre del 1879, ya el Perú había perdido el Huáscar en Angamos y solo le quedaba un débil barco de guerra que era la corbeta Unión. El gobierno de Mariano Ignacio Prado, resolvió hacer una colecta nacional para comprar dos blindados que podían significar la salvación de la república, esta se llevo a cabo el último domingo de ese mes de noviembre y cuentan los que vivieron por esos tiempos, que todo el Perú acudió a ese llamado, desde las esferas acaudaladas, hasta los mas pobres, las mujeres entregaron sus joyas y los niños sus alcancías. Por los mismos días llegaba al Callao desde Santiago de Chile, Nicolás de Piérola, país donde se encontraba exiliado y con el amparo de la burguesía chilena que tenía el poder en esa nación. Apenas desembarcó empezó a conspirar en la oscuridad contra el gobierno, cosa que era costumbre en él, porque este fue el eterno revoltoso, que hizo revoluciones y montoneras, que siempre fueron derrotadas, por el gobierno de turno.


El 18 de diciembre del mismo año, el presidente Prado a escondidas se embarca en el Callao en un vapor que iba a Panamá, llevándose el producto de la colecta, que el pueblo peruano hizo para comprar dos barcos blindados, cuando llegó a Guayaquil renunció a su cargo y se fue a Paris de donde jamás volvió y fue un hombre acaudalado en la ciudad luz. Esta indignante traición apenas si se cuenta en la historia oficial del Perú. Mariano Ignacio Prado no volvió, pero años mas tarde si volvió su hijo Manuel Prado Ugarteche y aunque parezca increíble, el pueblo peruano lo eligió dos veces presidente. Es cierto que la amnesia de los pueblos no puede tener limite y su familia en el país, fue poderosa y acaudalada, ostentando lujos y osadía y todo eso con el dinero del hombres y mujeres, de niños y ancianos que se desprendieron de lo que tenían, porque pensaron que así se salvaría la patria.


La huida de Prado, significó el momento preciso que buscaba Piérola para hacerse del poder y así al frente de una montonera entró en Lima, para derrocar al gobierno que estaba a cargo del vice presidente, general La Puerta, hombre entrado en años y de poco carácter, que no opuso mayor resistencia, además las tropas acantonadas en Lima, a través de sus jefes anunciaron que no se batirían contra peruanos en un momento tan difícil para el Perú, por lo que aceptaban el gobierno de Piérola, para no causar mas males a la nación.


Apenas Piérola tomó las riendas del país, empezó un monstruoso plan contra su propio país, el Perú. Este hombre conocido como vanidoso, engreído y egocentrista, comenzó a dar los pasos para hundir a nuestro Perú, está claro que todo lo que hizo, fue cumpliendo consignas de sus amigos chilenos, de quien él fue, siempre un especial huésped.


Lo primero que hizo, fue cortar todo apoyo y abastecimiento al ejército del sur acantonado en Tacna, sitio donde se llevaría la segunda etapa de la guerra con Chile. Al Mando del ejército del sur o de Tacna, como también se le llamaba, estaba el Contralmirante Lizardo Montero, hombre que había combatido y derrotado a Piérola años antes en una de las muchas revoluciones que este inicio. Por lo tanto lo tenía como enemigo político y sentía celos de él, porque si tenía éxito en la campaña del sur, podría ser bien visto por el pueblo peruano y podría arrebatarle la presidencia. Pensando así, de esa forma tan mezquina, condenó a estas fuerzas peruanas al más absoluto abandono, en momentos en que se jugaba el destino del país.

El pueblo limeño al notar esta actitud, por demás reprochable del dictador, salió a las calles en ruidosas manifestaciones, pidiendo que se envíe socorro a los defensores del sur, que sufrían por escasez de alimentos, armas, municiones, ropa y los refuerzos necesarios para enfrentar al fuerte y numeroso ejército chileno que empezaba a desembarcar en Ilo, en ese tiempo llamado Pacocha. En Lima había en ese momento dos divisiones de ocho mil soldados cada una que había formado el general Lacotera, por orden del gobierno anterior y que permanecían inmóviles en sus cuarteles. Piérola para acallar las protestas ordenó enviar un cargamento secreto hacia Arica en la corbeta Unión, así fueron embarcadas con mucha fanfarrea y teatro un cargamento, en el que se suponía iba la salvación del ejército del sur. La misión era muy difícil, porque el puerto de Arica estaba bloqueado por la escuadra chilena. Manuel Villavicencio, marino hábil e inteligente, fue el encargado de llevar a la Unión a su destino, corrían los últimos días del mes de febrero de 1880. La Unión se acercó al puerto de Arica en la madrugada del 26 de ese mes y empleando buenos movimientos pasó en la oscuridad entre los buques chilenos y ancló en el mulle del puerto peruano e inmediatamente inició la labor de descarga, sin ocuparse de contestar al cañoneo de la flota del país del sur. El Huáscar que ya estaba al servicio de la escuadra chilena, intentó espolonear a la Unión, pero un certero cañonazo de una batería de tierra paró esa intención y además causó la muerte de su comandante, de apellido Thompson.


A las cuatro de la tarde la faena había terminado y sin perder tiempo y aun cuando el sol no se perdía en el horizonte, la Unión con una hábil maniobra logra romper el cerco de la poderosa escuadra chilena, en medio de las hurras peruanas del muelle, del asombro de los marinos chilenos y el aplauso y admiración de los barcos neutrales, que en señal de saludo lanzaron al aire sus sirenas. La Unión llegó al Callao, sana y salva.


Pasada la euforia, los peruanos en Arica comenzaron a desempacar el cargamento que vino en cajas cerradas y se dieron con la triste sorpresa de que solo les habían enviado montones de tela blanca y dos ametralladoras malogradas e inservibles. Piérola se había burlado de ellos y del pueblo peruano en la forma más cruel que se le pudo ocurrir. Este hecho que había levantado la moral peruana en un principio, significó un terrible golpe al ánimo de los defensores del Perú. Respecto a esto, el historiador chileno Vicuña Mackena dice "este hecho trajo desazón en los espíritus entre la oficialidad y tropas peruanas". Ahora sabían los peruanos del ejército del sur, que estaban abandonados a su suerte y que no recibirían nada de su propio gobierno. Piérola estaba cumpliendo su cometido, facilitar la derrota del Perú.


En este escenario, se dio la batalla de Tacna o del Alto de la Alianza, los chilenos avanzaron desde el norte con 18 mil soldados y 1200 jinetes de caballería, con numerosa artillería manejada magistralmente por los artilleros ingleses. Los peruanos que estaban aliados con Bolivia opusieron 6500 peruanos y 3000 bolivianos, sin caballería y con 12 piezas de artillería. El llamado ejército de Arequipa que había salido de Arequipa hacía dos meses antes, al mando del Coronel Leiva, con 2000 soldados, para unirse al ejército de Tacna, jamás llegó, avanzó tan lentamente que el día 26 de mayo día de la batalla, se encontraba en Mirave a 130 kilómetros de Tacna, de donde regresó a Arequipa, naturalmente este mal coronel no llegó a su destino por órdenes de Piérola que era su amigo y coterráneo. Ambos eran de Arequipa.


A pesar de la tremenda diferencia de fuerzas el encuentro fue horriblemente parejo, sobresaliendo el batallón Zepita al mando de Cáceres, y por el lado boliviano, los Colorados hicieron honor a su fama de aguerridos. Ante el tremendo empuje de valor y coraje aliado, el chileno empezó a retroceder y parecía que la victoria sería aliada, los batallones chilenos retrocedían y estaban a punto de entrar en pánico, a pesar de que los oficiales de ese ejército sableaban a los que daban la espalda. Sobre este momento, Vicuña Mackena escribe:
"Los batallones chilenos retrocedían y parecía que iban a entrar en pánico, en ese momento la suerte de Chile pendía de un hilo". Y lo que decía este historiador era cierto, porque Chile había invertido todo lo que tenía en esta batalla y si la perdía, simplemente perdía la guerra, porque les hubiera sido imposible volver a formar otro ejército. Pero fue en esas circunstancias que se detuvo el avance peruano, lo que había sucedido era, que se habían agotado las municiones, entonces los chilenos volvieron a la carga y a nuestros compatriotas no les quedó mas que batirse a bayoneta. Se perdió la batalla de Tacna y con ello la oportunidad de salvar a la nación, todo por la traición de un cucufato que se creía un dios, y que servía al enemigo, Chile. La derrota del ejército de Tacna, agobió al pueblo peruano, muchas lágrimas corrieron cuando se difundió la noticia, sin embargo en palacio de gobierno en Lima, hubo fiesta. El 28 de mayo de ese mismo año, dos días después de la batalla, se publicó en el diario oficial del gobierno de Piérola, llamado La Patria, un editorial que empezaba con las siguientes palabras: “Hace dos días atrás fue destruido en Tacna, el último reducto del corrupto régimen anterior", se refería a los mártires del Alto de la Alianza, que todo el Perú lloraba. A ese punto llegó la insania mental de este dictador al servicio de Chile, en el peor momento de la historia del Perú.


Pasaron los meses y el ejército invasor comenzó a desembarcar en las cercanías de Lima, todos los militares conocedores de su oficio le recomendaban salir al encuentro de esas tropas chilenas que estaban desembarcando para batirlas por separado impidiendo que puedan concentrarse, el diario El Comercio, en sus artículos y editoriales también exigía eso, sin embargo Piérola reacio a todo consejo, permaneció inmóvil permitiendo que los chilenos tranquilamente desembarcaran y se trasladaran a Lurín. En el fondo no quería delegar a nadie el mando del ejército, tampoco quería dejar palacio de gobierno, por eso decidió esperar al ejército de Chile, en las puertas de Lima. Así llegó el 13 de enero de 1881, en San Juan se dio el primer encuentro del compacto ejército chileno apoyado por su escuadra, contra un ejército peruano totalmente mal dirigido por un egocentrista pechoño, como era Piérola. Naturalmente el resultado no pudo ser bueno para los peruanos, que tuvieron que retroceder hacia la segunda línea colocada en Miraflores.


Terminada la batalla de San Juan, la soldadesca chilena se desbandó y comenzaron a saquear las residencias de Chorrillos y cercanías, donde había muchas bodegas de vinos y otros licores, productos que los soldados mapochinos comenzaron a beber en forma desenfrenada, mientras le prendían fuego al pueblo.


Preocupado el General Baquedano, comandante en jefe del ejército chileno, le pidió una tregua a Piérola, cosa que este aceptó inmediatamente, naturalmente que tenía que ser así, Piérola, no podía permitir una debacle del ejército chileno. En la noche mientras el fuego consumía las casas y residencias y los chilenos se mataban entre si y otros dormían en las calles o deambulaban totalmente embriagados por el alcohol, se presentó ante el dictador peruano, el Coronel Cáceres, para pedirle permiso y atacar con su batallón de dos mil hombres a los chilenos en la absoluta convicción que con esa acción terminaría con el ejército chileno que se hallaba desbandado y borracho y con ello se ganaría la guerra. Naturalmente, Piérola le negó el permiso, aduciendo que le había dado su palabra al comandante chileno de que no atacaría, una prueba más de que este hombre, servía a Chile. Naturalmente, cuando ya a los chilenos se les pasó la borrachera y se reagruparon, se olvidaron de la tregua y empezaron el ataque contra la segunda línea defensiva que estaba en Miraflores esto ocurrió a medio día del día 15 de enero. Las mal distribuidas fuerzas peruanas poco pudieron hacer y a Piérola, el comandante en jefe, no se le vio dar ni una sola orden y cuando ya todo estaba consumado, se retiró del escenario hacia Lima y para no dejar inconclusa su obra contra la Patria, ordenó a todos los soldados depositar sus armas en el cuartel Santa Catalina, por esta acción, los chilenos cuando ocuparon Lima, encontraron 15 mil fusiles en el mencionado cuartel. Piérola después de haber dado esta última orden huyó a la sierra, pero después de algunos años volvió a la escena política y como es normal el mal de amnesia de nuestro pueblo, fue hecho presidente nuevamente.

Esta es la historia del accionar de Piérola en la etapa de la guerra con Chile, sus actos de flagrante traición a la Patria, deberían haberlo sepultado bajo un montón de tierra, sin embargo, su nombre figura en plazas, calles, clubes, billetes de moneda y otros sitios que debieran estar reservados para hombres que honraron a la nación.