miércoles, 6 de abril de 2011

Bolívar y Fanny Dervieu du Villars

Relations between Fanny Dervieu du Villars 
and Simon Bolivar

Fuente: ancestry.com



According to authors or annotators, the relations between Fanny Dervieu du Villars and Simon Bolivar, during the years 1803-1804, could be either a simple affectuous friendship between cousins, or a very deep love affair. Their letters, much debated as regards their reality, and which are available on several Internet siyes devoted to the life of the "Libertador", do not allow to decide between the two hypothesis. Anyhow, it is likely that the truth is half-way and Fanny had played, for the young widowed Bolivar, a part of comforter while introducing and initiating him in the pleasures of the parisian life. However that may be, their relationship did not last more than ten months during the years 1803-1804, as Bolivar, after his travel in Italy in 1805, left Paris during the year 1806 and, at the end of the year, embarked in Hambourg to sail to the United States at first (he was in Charleston the 1st of January 1807), then to Venezuela.


Simon Bolivar in 1804

The following letters, in spanish, do not allow to clear up the doubt. Particularly, the addressee of the third one, "el caballero Denis de Trobriand", is difficult to define. It could concern either the Fanny father, Francois Marie Denis de Keredern de Trobriand, or one of her brothers, or even her husband, Barthelemy Regis Dervieu du Villars. The text of the letter does not allow to remove the ambiguity. Simply, in this letter, Bolivar apologizes for an incident occured in his home, following some words on the First Consul Bonaparte. According to some commentators, this letter could have been sent, not to "el caballero Denis de Trobriand" but to the peruvian Colonel Mariano de Tristan y Moscoso, the husband of an other mistress of Bolivar in Paris, Teresa Laisney, mother of the socialist pasionaria Flora Tristan, grand-grand-mother of the painter Paul Gauguin. It could be the same for others letters of which the true destination could have been diverted to nourish the Bolivarian legend.
However that may be, the notes following these letters are those of the compiler who has published these documents on the Web. The last one particularly, supposed to have been written by Simon Bolivar a few days before his death, is often held to be of doubtful authenticity. These texts are extracted from the data base devoted to Bolivar "Luces de Bolivar en la Redby the Universidad de los Andes de Merida (Venezuela). The text of the lecture of Teresa de la Parra comes from the site of the Society of the Friends of Bolivar and is available in a pdf format at the adress http://www.saber.ula.ve/liesr/rodriguez/rodriguez.pdf . Only a part was translated in french and is available later in these pages (the relations between Fanny and Bolivar are discussed in pages 12 to 14 of the spanish text).

1 - CARTA.- Año 1804
COMPOSICION DE FRAGMENTOS DE CARTAS DE BOLIVAR
PARA FANNY DU VILLARS.
(París, 1804).
Querida señora y amiga:
Si queréis imponeros de mi suerte, lo que me parece justo, es preciso escribirme. De este modo me veré forzado a responderos, cuyo trabajo me será agradable. Yo digo trabajo, porque todo lo que me obliga a pensar en mí aunque sea diez minutos, me fatiga la cabeza, obligándome a dejar la pluma o la conversación para tomar el aire en la ventana. ¿Me obligareis a deciros lo suficiente para satisfaceros respecto al pobre chico Bolívar de Bilbao, tan modesto, tan estudioso, tan económico, manifestándoos la diferencia que existe con el Bolívar de la calle de Vivienne, murmurador, perezoso y pródigo? ¡Ah Teresa mujer imprudente, a la que no obstante no puedo negar nada, porque ella ha llorado conmigo en los días de duelo! ¿Porqué queréis imponeros de este secreto?... Cuando os impongáis del enigma, ya no creeréis en la virtud.
Oh! y cuán espantoso es no creer en la virtud... ¿Quién me ha metamorfoseado?. .. ¡Ay! Una sola palabra, palabra mágica que el sabio Rodríguez no debía haber pronunciado jamás.
Escuchad, pues pretendéis saberlo:
Recordareis lo triste que me hallaba cuando os abandoné para reunirme con el señor Rodríguez en Viena. Yo esperaba mucho de la sociedad de mi amigo, del compañero de mi infancia, del confidente de todos mis goces y penas, del Mentor, cuyos consejos y consuelos han tenido siempre para mí tanto imperio. ¡Ay! en estas circunstancias, fue estéril su amistad. El señor Rodríguez sólo amaba las ciencias. Mis lágrimas lo afectaron, porque él me quería sinceramente, pero él no las comprende. Yo lo hallo ocupado en un gabinete de física y química que tenía un señor alemán, y en el cual debían demostrarse públicamente estas ciencias por el señor Rodríguez. Apenas le veo yo una hora al día. Cuando me reúno a él, me dice de prisa: mi amigo, diviértete, reúnete con los jóvenes de tu edad, vete al espectáculo, en fin; es preciso distraerte y este es el solo medio que hay para que te cures. Yo comprendo entonces que le falta alguna cosa a este hombre, el más sabio, el más virtuoso, y sin que haya duda el más extraordinario que se puede encontrar. Yo caigo bien pronto en un estado de consunción y los médicos declararon que iba a morir. Era lo que yo deseaba. Una noche que estaba muy malo, me despierta Rodríguez con mi médico: los dos hablaban en alemán. Yo no comprendía una palabra de lo que ellos decían; pero en su acento, en su fisonomía, conocía que su conversación era muy animada. El médico después de haberme examinado bien se marchó. Tenía todo mi conocimiento y aunque muy débil podía sostener todavía una conversación. Rodríguez vino a sentarse cerca de mí: me habló con esta bondad afectuosa que me ha manifestado siempre en las circunstancias más graves de mi vida, me reconviene con dulzura y me hace conocer que es una locura el abandonarme y quererme morir en la mitad del camino. Me hizo comprender que existía en la vida de un hombre otra cosa que el amor, y que podía ser muy feliz dedicándome a la ciencia o entregándome a la ambición: sabéis con qué encanto persuasivo habla este hombre: aunque.diga los sofismas más absurdos cree uno que tiene razón. Me persuade, como lo hace siempre que quiere. Viéndome entonces un poco mejor, me deja, pero al día siguiente me repite iguales exhortaciones. La noche siguiente, exaltándose la imaginación con todo lo que yo podría hacer, sea por las ciencias, sea por la libertad de los pueblos le dije: sí, sin duda, yo siento que podría lanzarme en las brillantes carreras que me presentáis pero era preciso que fuese rico... sin medios de ejecución no se alcanza nada; y lejos de ser rico soy pobre y estoy enfermo y abatido. ¡Ah! Rodríguez, prefiero morir... Le di la mano para suplicarle que me dejara morir tranquilo. Se vio en la fisonomía de Rodríguez una revolución súbita: queda un instante incierto, como un hombre que vacila acerca del partido que debe tomar. En este instante levanta los ojos y las manos hacia el cielo, exclamando con una voz inspirada: ¡está salvo! Se acerca a mí, toma mis manos, las aprieta con las suyas que tiemblan y están bañadas en sudor y enseguida me dice con un acento sumamente afectuoso: ¿Mi amigo, si tú fueras rico, consentirías en vivir? ¡Di!... ¡Respóndeme!... Quedé irresoluto, no sabía lo que esto significaba. Respondo: Sí. ¡Ah! exclama él, nosotros estamos salvos... ¿el oro sirve pues para alguna cosa? Pues bien, ¡Simón Bolívar, sois rico! ¡Tenéis actualmente cuatro millones!!... No os pintaré querida Teresa la impresión que me hicieron estas palabras ¡tenéis actualmente cuatro millones! Tan extensa y difusa como es nuestra lengua española, es, como todas las otras impotente para explicar semejantes emociones. Los hombres las prueban pocas veces: sus palabras corresponden a las sensaciones ordinarias de este mundo; las que yo sentía eran sobrehumanas; estoy admirado de que mi organización las haya podido resistir.
Me detengo: la memoria que yo acabo de evocar me abruma. ¡Oh cuán lejos están las riquezas de dar los goces que ellas hacen esperar! ... Estoy bañado en sudor y más fatigado que nunca después de mis largas marchas con Rodríguez. Me voy a bañar. Os veré después de comer para ir al teatro francés. Os pongo esta condición que no me preguntareis nada relativo a esta carta, comprometiéndome a continuarla después del espectáculo.
Rodríguez no me había engañado: yo tenía realmente cuatro millones. Este hombre caprichoso, sin orden en sus propios negocios, que se endrogaba con todo el mundo, sin pagar a nadie, hallándose muchas veces reducido a carecer de las cosas más necesarias, este hombre ha cuidado la fortuna que mi padre me ha dejado con tan buen resultado como integridad, pues la ha aumentado en un tercio. Sólo ha gastado en mi persona ocho mil francos durante los ocho años que yo he estado bajo su tutela. Ciertamente él ha debido cuidarla mucho. A decir verdad la manera como me hacía viajar era muy económica, él no ha pagado más deudas que las que contraje con mis sastres, pues la que es relativa a mi instrucción es muy pequeña respecto a que él era mi maestro universal.
Rodríguez pensaba hacer nacer en mí la pasión a las conquistas intelectuales, a fin de hacerme su esclavo. Espantado del imperio que tomó sobre mí mi primer amor y de los dolorosos sentimientos que me condujeron a la puerta de la tumba, se lisonjeaba de que se desarrollaría mi antigua dedicación a las ciencias, pues tenía medios para hacer descubrimientos, siendo la celebridad la sola idea de mi pensamientos. ¡Ay! el sabio Rodríguez se engaña: me juzga por él mismo. Yo llego a los veinte y un años, y no podía ocultarme por más tiempo mi fortuna; pero me lo habría hecho conocer gradualmente y de eso estoy seguro, si las circunstancias no le hubiesen obligado a hacérmela conocer de una vez. Yo no había deseado las riquezas: ellas se me presentan sin buscarlas, no estando preparado para resistir a su seducción. Yo me abandono enteramente a ellas. Nosotros somos los juguetes de la fortuna; a esta grande divinidad del Universo, la sola que yo reconozco es a quien es preciso atribuir nuestros vicios y nuestras virtudes. Si ella no hubiese puesto un inmenso caudal en mi camino, servidor celoso de las ciencias, entusiasta de la libertad, la gloria hubiese sido mi solo culto, el único objeto de mi vida. Los placeres me han cautivado, pero no largo tiempo. La embriaguez ha sido corta, pues se ha hallado muy cerca el fastidio. Pretendéis que yo me inclino menos a los placeres que al fausto, convengo en ello; porque, me parece, el fausto tiene un falso aire de gloria.
Rodríguez no aprobaba el uso que yo hacía de mi fortuna: le parecía que era mejor gastarla en instrumentos de física y en experimentos químicos; así es que no cesa de vituperar los gastos que él llama necedades frívolas. Desde entonces, me atreveré a confesarlo... Desde entonces sus reconvenciones me molestaban y me obligaron abandonar a Viena para libertarme de ellas. Me dirigí a Londres, donde gasté ciento cincuenta mil francos en tres meses. Me fui después a Madrid donde sostuve un tren de un príncipe. Hice lo mismo en Lisboa, en fin, por todas partes ostento el mayor lujo y prodigo el oro a la simple apariencia de los placeres.
Fastidiado de las grandes ciudades que he visitado vuelvo a París con la esperanza de hallar lo que no he encontrado en ninguna parte, un género de vida que me convenía; pero Teresa, yo no soy un hombre como todos los demás y París no es el lugar que puede poner término a la vaga incertidumbre de que estoy atormentado. Sólo hace tres semanas que he llegado aquí y ya estoy aburrido.
Ve aquí cara amiga todo lo que tenía que deciros del tiempo pasado; el presente, no existe para mí, es un vacío completo donde no puede nacer un solo deseo que deje alguna huella grabada en mi memoria. Será el desierto de mi vida... Apenas tengo un ligero capricho lo satisfago al instante y lo que yo creo un deseo, cuando lo poseo sólo es un objeto de disgusto. ¿Los continuos cambiamientos que son el fruto de la casualidad, reanimarán acaso mi vida? Lo ignoro; pero si no sucede esto volveré a caer en el estado de consunción de que me había sacado Rodríguez al anunciarme mis cuatro millones. Sin embargo, no creáis que me rompa la cabeza en malas conjeturas sobre el porvenir. Unicamente los locos se ocupan de estas quiméricas combinaciones. Sólo se pueden someter al cálculo las cosas cuyos datos son conocidos; entonces el juicio, como en las matemáticas, puede formarse de una manera exacta.
¿Qué pensáis de mí? Responded con franqueza (Yo pienso que hay pocos hombres que sean incorregibles); y como es siempre útil el conocerse, y saber lo que se puede esperar de sí, yo me creeré feliz cuando la casualidad me presente un amigo que me sirva de espejo.
Adiós, yo iré a comer mañana con Vos.

Simón Bolívar



Nota
Arístides Rojas divulgó esta carta en una de sus leyendas, con la indicación inexacta de que la había publicado el "Journal de Debats" de París en 1826, periódico en el cual al parecer, jamás se reproduce. Rojas la copió de una versión publicada en "La Patria", de Bogotá, en 1872, por el señor Quijano Otero, pues así aparece en un recorte de periódico con nota al pie de letra del propio Rojas, en la colección de cartas de Bolívar, formada por él, existente hoy en el Archivo del Libertador; el señor Quijano Otero la tomó del número Primero del Faro Militar, correspondiente al mes de julio de 1845, publicado bajo los auspicios del Gobierno del Perú y éste a su vez -según expresa- la copió del periódico "Debates Políticos y Literarios" de París. En este periódico aparece con dos cartas más de Bolívar para individuos de la familia de Fanny, que se reproducen adelante y de un artículo sobre la educación de Bolívar, obra de un hijo de Fanny, según el cual la carta se compone de varios fragmentos del original que tenía a la vista.
Debemos advertir que Simón Rodríguez no fue administrador de bienes de Bolívar sino su maestro de primeras letras y amanuense de don Feliciano Palacios, abuelo y tutor de Bolívar; y que Bolívar conocía perfectamente su fortuna, entonces de 150.000 pesos, aumentada posteriormente por la herencia de su hermano.




2 - CARTA.- Año 1807
Cádiz, 1807
To FANNY DU VILLARS.

Querida señora y amiga:
Yo no les he escrito desde mi partida de París: ¿qué podía preguntaros, ni qué podría deciros que os interesase?... Siempre el mismo tren de vida! Siempre el mismo fastidio!... Voy a buscar otro modo de existir; estoy fastidiado de la Europa y de sus viejas sociedades; me vuelvo a América ¿qué haré yo allí?... lo ignoro... Sabéis que todo en mí es espontáneo y que no formo jamás proyectos. La vida del salvaje tiene para mí muchos encantos. Es probable que yo construiré una choza en medio de los bellos bosques de Venezuela. Allí yo podré arrancar las ramas de los árboles a mi gusto, sin temor de que se me gruña, como me sucedía cuando tenía la desgracia de tomar algunas hojas. ¡Ah! Teresa; felices aquellos que creen en un mundo mejor! Para mí éste es muy árido.
Yo habría querido abrazar al coronel antes de partir. No le escribo; ¿qué puedo decirle que no sepa ya? Si al que no tiene tiempo bastante para mirar las nubes que vuelan sobre su cabeza, las hojas que el viento agita, el agua que corre en el arroyo y las plantas que crecen en sus orillas, le dijera yo que la vida es triste, me tendría por un loco. ¡Feliz mortal! No tiene necesidad de tomar parte en los dramas de los hombres para animar su vida. Vuelvo a ver otros hombres, y otra naturaleza... Los recuerdos de mi infancia me prestarán un encanto que se desvanecerá, sin duda, a mis primeras miradas; pero el gran emperador acaba de invadir la España y yo deseo ser testigo de la acogida que recibirá en América este extraño acontecimiento.
BOLIVAR

Nota
Esta carta nos llena de dudas. Desde luego se puede afirmar que no es de 1807, porque Bolívar, de regreso a su país, tocó el 1° de enero de 1807 en el puerto americano de Charleston. Así consta en cartas de Alexdre Dehollain Arnoux para Bolívar publicadas en O’Leary XII, 289 y en otra inédita del mismo individuo existente en el Archivo del Libertador, Sección Juan De Francisco Martín, tomo XIV. De estos actos de Bolívar sólo sabemos que el 21 de julio de 1806 se hallaba en París. Ignoramos el puerto de embarque en este segundo regreso a Venezuela. Ninguna de estas cartas a Fanny y su esposo pueden considerarse perfectamente auténticas, aunque reconocemos que tienen conceptos y expresiones propios de Bolívar. En ésta se dice que el emperador acaba de invadir a España cuando este atentado de Napoleón ocurrió a fines de 1807 estando ya Bolívar desde hacía meses en Venezuela. Véase la nota de la carta antecedente.



3 - CARTA.- Año 1804
(París, 1804).
AL CABALLERO DENIS DE TROBRIAND

(This letter was sent by Simon Bolivar to the father of Fanny, after a dispute during a meal in his home.)

Coronel:
Ha seis años que os conozco; ha seis años que os amo con una verdadera amistad y que os profeso el más profundo respeto por la nobleza de vuestro carácter y la sinceridad de vuestras opiniones. No tengo necesidad de deciros cuán afligido estoy de haberos hecho testigo del escándalo que ocasionó ayer en mi casa la exaltación fanática de algunos clérigos más intolerantes que sus antepasados y que hablan con tanta imprudencia como en España, donde el pueblo les dobla la rodilla y les besa la falda de su sotana. Habéis debido notar los altos empleos civiles y militares con que nos brindaron estos señores, siendo los elogios del primer Cónsul los que provocaron más mi exaltación que sólo fue interrumpida débilmente. Ellos ahogaron su vergüenza y se contentaron con dirigirme algunas observaciones para poner a cubierto su responsabilidad hasta que los clérigos tomando a cargo la causa de Bonaparte se reunieron a sus clamores.
El deseo de dominar y de ocupar el primer rango en el Estado es el pensamiento de todos los clérigos. Los empleados piensan en conservar el sueldo, elogiando al que les paga; separando estas dos clases yo no concibo que nadie sea partidario del Primer Cónsul aunque vos, querido coronel, cuyo juicio es tan recto, le pongáis en las nubes. Yo admiro como vos sus talentos militares; ¿pero cómo no veis que el único objeto de sus actos es apoderarse del poder? Este hombre se inclina al despotismo: ha perfeccionado de tal modo las instituciones que, en su vasto imperio, en medio de sus ejércitos, agentes de empleados de toda especie, clérigos y gendarmes, no existe un sólo individuo que pueda ocultarse a su activa vigilancia. ¿Y se cuenta todavía con la era de la libertad?... ¡Qué virtudes es preciso tener para poseer una inmensa autoridad sin abusar de ella! Puede tener interés ningún pueblo en confiarse a un solo hombre? ¡Ah! estad convencido, el reinado de Bonaparte será dentro de poco tiempo más duro que el de los tiranuelos a quienes ha destruido.
La vehemencia con que yo hablo puede resultar de poca reflexión; pero cuando yo me entrego en la discusión, mi espíritu hace abstracción de las personas. Que los interlocutores tengan los cabellos blancos o el bigote negro, lleven la espada o la tonsura, yo no veo sino los pensamientos personificados, y disputo sin respetar la posición social de ninguno de ellos. Estoy lejos de tener la sangre fría de Rodríguez o la vuestra Coronel; yo no puedo contenerme siempre. Por otra parte ¿qué necesidad tengo de ello? No soy un hombre político, obligado a empeñar el debate en una asamblea deliberante; no mando un ejército y no estoy obligado a inspirar confianza a los soldados; no soy ni sabio que tenga que hacer con calma y paciencia una demostración ardua ante un auditorio numeroso. Hoy no soy más que un rico, lo superfluo de la sociedad, el dorado de un libro, el brillante de un puño de la espada de Bonaparte, la toga del orador. No soy bueno más que para dar fiestas a los hombres que valen alguna cosa. Es una condición bien triste. ¡Ah! Coronel, si supieseis lo que sufro, seríais más indulgente.
Coronel perdonad; yo no seguiré esta vez vuestro consejo; no abandonaré a Paris hasta que no haya recibido la orden para ello. Deseo saber por mi propia experiencia si le es permitido a un extranjero en un país libre, emitir su opinión respecto a los hombres que lo gobiernan, y si les echan de él por haber hablado con franqueza.
BOLIVAR





4 - CARTA.- Año 1830
To Fanny du Villars

Querida prima:
¿Te extraña que piense en ti al borde del sepulcro? Ha llegado la última aurora: tengo al frente el mar Caribe, azul y plata, agitado como mi alma, por grandes tempestades; a mi espalda se alza el macizo gigantesco de la sierra con sus viejos picos coronados de nieve impoluta como nuestros ensueños de 1.805; por sobre mí, el cielo más bello de América, la más hermosa sinfonía de colores, el más grandioso derroche de luz...
Tú estás conmigo, porque todos me abandonan; conmigo en los postreros latidos de la vida, en las últimas fulguraciones de la conciencia. ¡Adiós Fanny!
Esta carta llena de signos vacilantes, la escribe la misma mano que estrechó la tuya en las horas del amor, de la esperanza, de la fe; esta es la letra escritora del decreto de Trujillo y del mensaje al Consejo de Angostura. No la reconoces, ¿verdad? Yo tampoco la reconocería si la muerte no me señalara con su dedo despiadado la realidad de este supremo instante. Si yo hubiera muerto sobre un campo de batalla, dando frente al enemigo, te daría mi gloria, la gloria que entreví a tu lado, a los campos de un sol de primavera.
Muero despreciable, proscrito, detestado por los mismos que gozaron mis favores; víctima de intenso dolor, presa de infinitas amarguras. Te dejo mis recuerdos, mis tristezas y las lágrimas que no llegaron a verter mis ojos. ¿No es digna de tu grandeza tal ofrenda? Estuviste en mi alma en el peligro; conmigo presidiste los consejos de gobierno; tuyos fueron mis triunfos y tuyos mis reveses; tuyos son también mi último pensamiento y mi pena postrimera. En las noches galantes del Magdalena vi desfilar mil veces la góndola de Byron por los canales de Venecia, ¡en ella iban grandes bellezas y grandes hermosuras, pero no ibas tú: porque tú has flotado en mi alma mostrada por níveas castidades!
A la hora de los grandes desengaños, a la hora de las íntimas congojas, apareces ante mis ojos moribundos con los hechizos de la juventud y de la fortuna; me miras, y en tus pupilas arde el fuego de los volcanes; me hablas, y en tu voz oigo las dianas inmortales de Junín.
Adiós Fanny... todo ha terminado!
Juventud, ilusiones, sonrisas y alegrías se hunden en la nada... solo quedas tú como una visión seráfica señoreando el infinito, dominando la eternidad!!.
Me tocó la misión del relámpago, rasgar la niebla un instante... fulgurar apenas sobre el abismo y tornar a perderme en el vacío.

Simón Bolívar.

Nota :
This letter of Simon Bolivar to his cousin Fanny was written by "el Libertador" on his death bed in Santa Marta (Colombia) the 6th of December 1830. He is dead eleven days later. This letter is often held to be apocryphal.

jueves, 24 de febrero de 2011

El Sueño Peruano

Morro Solar - 130 años después


Por: Juan Carlos Flórez Granda (*)

Hoy se celebra un año más de la Batalla de San Juan ocurrida el 13 de enero de 1881. Hace 130 años cerca de 18,000 peruanos de toda condición social dieron de sí en la primera línea para defender Lima de la inminente invasión chilena a la capital. En esta se dieron muchas pruebas de heroísmo, unas con esfuerzo sobrehumano y otras con la vida, donde la sangre, mudo testigo de estas proezas, se mezcló con la tierra que hoy día pisamos frecuentemente cuando nos dirigimos hacia San Juan y Villa o visitamos el Morro Solar, hoy totalmente abandonado.
Acerca de este último debemos hacer un "mea culpa" sobre la defensa de esta área de terreno donde varias instituciones particulares hemos contribuido con nuestro granito de arena para mantenerlo intangible por razones históricas, recibiendo el eco de autoridades del gobierno central. 
Por un lado, se ha logrado detener el proceso de construcción (podríamos denominarlo "legal" para fines de este artículo), pero no nos damos cuenta de las constantes construcciones ilegales que están minando toda la pared externa del Morro con la venia silenciosa de la autoridad municipal.
Es lamentable ver como poco a poco lo que antes era un cerro y arenal hoy es un cúmulo de casas de material precario que van expandiéndose hacia las alturas del Morro y que va borrando todo vestigio de la pasada guerra. Por ejemplo, del zigzag construido hacia el lado Este (todo el brazo de Marcavilca), que servía para subir material de artillería y personal, hoy solo queda un pequeño tramo en la parte superior. Por la subida principal, asfaltada, que lleva hacia el abandonado monumento al soldado peruano podemos apreciar que solo falta techar un tramo de la subida para que las viviendas sigan poblando cerro arriba. Por último, donde quedaba la antigua batería provisional (cerro Calavera) y mira hacia el hoy Estadio Municipal, las construcciones ilegales han poblado toda el área utilizando las bases de las antiguas plataformas como zona de mezcla de cemento. Por cierto, caminar o recorrer esas zonas se han vuelto cada vez más peligrosas porque los pobladores ahora lo reclaman como propiedad suya si uno se atreve a acercarse. Ni hablar de los monumentos que solo lucen decentemente lo poco que les queda cada 13 de enero, cuando se realiza la ceremonia oficial.
Lo irónico del caso es que estas invasiones, fuera de estar lotizadas, cuentan ya con alumbrado eléctrico y estimo pasarán unos 5 años más para que el complejo del Morro Solar se convierta en un cúmulo más de cerros poblados. 
Es entendible que la necesidad social (no lo llamo problema), de buscar un terreno para poder vivir es un tema que compete las autoridades pero estos deben de salvaguardar también los intereses patrimoniales de toda la sociedad. Es un tema en el que no podemos voltear la mirada y la Municipalidad de Chorrillos debería tomar un rol más activo, quizás cercando el perímetro para evitar futuras invasiones como lo hizo con los pantanos de Villa o planteando otra alternativa más viable en defensa del patrimonio y también de la seguridad de los pobladores, puesto que al ser el Morro una formación rocosa y estando las viviendas bajo estas, no tardará como ocurre en un país como el nuestro, un sismo de regular intensidad y se desate una tragedia de mayor envergadura, producto de la mala planificación, indiferencia o como se le quiera llamar.
Hablando figurativamente, se ha ganado una batalla evitando la construcción de viviendas en la zona de La Chira – Herradura pero por otro lado estamos perdiendo de lejos por la actitud silenciosa de las autoridades que permiten la población ilegal de un territorio que pertenece a la memoria histórica del Perú.
Habría que preguntar, si se pudiera, a los miles que murieron en 1881 y si nos remontamos unos siglos atrás, a los pobladores de la cultura Lima si alguna vez pensaron siquiera poblar una zona sagrada donde enterraban a sus muertos.
El Morro Solar fue, el 13 de enero de 1881, el último bastión de la defensa de Lima en Chorrillos. Hoy es el último bastión de la memoria histórica de esa época. Estamos todavía a tiempo para corregir errores, para dar sentido a los defensores del pasado. Si no hacemos nada llegará un día, así como ocurrió con los campos de San Juan, que el Morro Solar desaparecerá de la memoria histórica peruana para pasar a ser un promontorio habitado más de tierra y arena que adorna nuestra ciudad.

(*)Investigador de la Guerra del Pacífico.
Director de la Sociedad de Estudios Históricos 
Coronel ArnaldoPanizo.

lunes, 7 de febrero de 2011

Ayacucho: el honor y los muertos

CRÓNICAS DE LUZ Y SOMBRA

Luciano Álvarez - El País Digital (España)

Según las Historias Patrias, la última batalla de la independencia americana tuvo lugar el 9 diciembre de 1824 en la pampa de la Quinua, a 2.761 metros sobre el nivel del mar y cerca de la antigua ciudad de Ayacucho, al sur de la sierra central del Perú.

Allí estuvieron frente a frente -siguiendo a las Historias Patrias- el ejército patriota comandado por el general Antonio José de Sucre frente a los españoles comandados por el virrey José de la Serna e Hinojosa.

Era el final de quince largos años de batallas sobre el territorio más extenso que guerra alguna había conocido hasta aquel entonces.

El principio del fin había comenzado casi cinco años atrás, el 1° de enero de 1820 cuando se preparaba en España un ejército destinado a combatir la revolución. Ese día, el teniente coronel Rafael de Riego, que mandaba el batallón de Asturias, se sublevó para restaurar la Constitución liberal de Cádiz (1812) e iniciar lo que la historia española llama el trienio liberal.

Desde ese momento cesaron los envíos de tropas y suministros a los ejércitos españoles de América.

A esa altura -si exceptuamos Cuba y Puerto Rico- sólo el virreinato del Perú se mantenía bajo la autoridad española.

En 1821 desembarcaron las tropas de San Martín y se dirigieron a Lima. El virrey la Serna -un liberal- "luego de negociar brevemente y con poco entusiasmo con San Martín sobre la posibilidad de poner un Perú autónomo bajo el mando de un príncipe Borbón, evacuó Lima en julio de 1821 y llevó su ejército a la sierra, en donde estableció su cuartel general al comienzo en Huancayo y luego en Cuzco". (John Fisher, El Perú Borbónico).

Mientras tanto, San Martín proclamó la independencia del Perú (julio de 1821) y continuó parsimoniosamente una guerra de grandes marchas y pequeñas acciones.

En setiembre de 1822, luego de la célebre entrevista de Guayaquil, San Martín se retiró para siempre de América, dejándole el campo libre a Simón Bolívar.

Pocos meses más tarde terminaba el trienio liberal en España, cuando el 7 de abril de 1823, un ejército francés -los Cien Mil Hijos de San Luis- llamado por el nunca suficientemente denostado Fernando VII, venció a los liberales. Se restauró el absolutismo, se asesinó y encarceló a los liberales.

Esta situación tuvo su réplica en Perú en enero de 1824. El general español Pedro Antonio Olañeta, con los 4.000 hombres de su división, declaró la guerra a los liberales españoles y se autoproclamó "único defensor del altar y del trono". Unos meses antes había llegado Simón Bolívar al Perú, para terminar con la resistencia española.

El virrey y teniente general la Serna comandaba un ejército de 9.310 hombres con 1.000 caballos y 14 cañones; su principal general Jerónimo Valdés y buena parte de la oficialidad, eran liberales. Este ejército de español tenía sólo las banderas: los oficiales eran criollos y los soldados, quechuas, aymaras, mestizos y negros. Sólo había un 5 por ciento de españoles.

Todo habría de terminar en la pampa de Ayacucho, "el rincón de los muertos" o "de las almas" en lengua quechua.

El virrey sabía que la guerra estaba perdida: no podía hacer más levas ni esperar refuerzos ni suministros de ningún tipo, de manera que, aun si ganaba la batalla, nada se decidiría.

Tampoco estaba dispuesto a imponer en América el absolutismo, por lo que en cualquier momento podría ser llamado a España para ser encarcelado por liberal. Ganar era prolongar la agonía, retirarse implicaba luchar con las fuerzas de Olañeta, que les odiaba más a ellos, por ser liberales, que a los independentistas; rendirse sin pelear era cometer traición y consecuentemente ser fusilados -si regresaban a España- por cobardía ante el enemigo.

Cuenta Juan Carlos Losada (Batallas decisivas de la Historia de España. Aguilar, 2004) que los oficiales españoles concluyeron que estarían más seguros si se rendían que si ganaban la batalla, pues era seguro que el enemigo les trataría mejor que sus propios compatriotas absolutistas.

Muchos de ellos habían sido compañeros de promoción en España de los generales americanos y habían combatido juntos contra los franceses, como el caso del virrey la Serna y el general José de la Mar y Cortázar, que se había pasado en 1821 al bando independentista; ambos habían luchado juntos en la defensa de Zaragoza contra Napoleón.

Se desencadenaron así, una serie de hechos misteriosos sobre los que los protagonistas guardaron siempre un escrupuloso pacto de silencio.

Lo cierto es que, a las ocho de la mañana del día 9 de diciembre de 1824, el general español Juan Antonio Monet se presentó en el campamento enemigo y conversó con el general José María Córdoba y con otros mandos americanos mientras los oficiales de ambos bandos confraternizaban. Nada se sabe a ciencia cierta sobre lo que se conversó y eventualmente negoció.

Los oficiales desayunaron y después se fueron a vestir para el combate, como si se tratase de un desfile. A las 10:30 de la mañana, Monet anunció que comenzaba la batalla.

Tantas conversaciones previas y secretas hacían predecir que se estaba urdiendo una comedia para justificar la rendición española.

Sin embargo, la batalla duró dos horas. Dicen que la Serna buscó la muerte; cargando impetuosamente cayó prisionero perdiendo sangre por seis heridas. Dicen que el General Sucre le rechazó la espada con la frase: "Honor al vencido. Que continúe en manos del valiente".

Cuando los españoles emprendieron la retirada, el general Valdés -futuro jefe del ejército liberal en las guerras carlistas de España- sentado en una piedra y ensangrentado dijo a su ayudante: "Mediavilla dígale usted al virrey que a esta comedia se la llevó el demonio".

Canterac, jefe de Estado mayor español, que había logrado reunir unos 500 combatientes, pensó retirarse a Cuzco, pero sus hombres se rebelaron y tuvo que aceptar la rendición.

En sólo dos horas de batalla los realistas, con abrumadora superioridad de artillería y el doble del hombres, sufrieron 1.400 muertos, casi todos pobres soldados peruanos y 700 heridos; los independentistas contaron 309 muertos y 670 heridos.

Todos los generales, jefes y oficiales fueron hechos prisioneros con una increíble facilidad y salieron casi indemnes; un total de 15 generales, 16 coroneles, 552 oficiales y 2.000 soldados. El resto desertó.

Tras la batalla se firmó la capitulación, que establecía la rendición total y la entrega de todas las plazas, así como la seguridad y libertad de todos los militares españoles.

Estos podrían incorporarse al nuevo ejército peruano manteniendo su graduación y honorarios, un nuevo estado que muchos aceptaron.

El honor de los oficiales quedó a salvo y las apariencias políticas y militares cumplidas, aunque para hacerlo se sacrificó la vida de miles de humildes soldados que no entendían nada de todo el montaje que se ventilaba.

Las Historias Patrias se encargarían luego de convertir a Ayacucho en un mojón de gloria, cargas heroicas y gestos caballerescos.

martes, 14 de diciembre de 2010

Curiosidades Limeñas

A la ciudad de Lima se le ha llamado también como: 'Ciudad de los Reyes', 'Ciudad Jardín', 'Reina y Perla del Pacífico', 'La tres veces coronada villa', 'Ciudad de campanas y de campanillas' y otros títulos nobiliarios que se ganó por su belleza, poesía y cultura que en ella había. Pero, contrastando con ello, a Lima también la han llamado 'La ciudad de los gallinazos' y 'Lima la horrible'.
A inicios del siglo XVII, en el año de 1613, la ciudad de Lima tenía solamente 25,000 habitantes. Diecisiete años después, su población fue más del doble ya que, según el Padre Cobo, en 1630, Lima tenía 60,000 habitantes de los cuales 5,000 eran indios y 30,000 eran negros, el resto eran españoles. Lo que significa que, por ese tiempo, la población de raza negra era mayoría en Lima. Por ello, lo de 'quien no tiene de inga tiene de mandinga'.
Más de doscientos años después, en 1857, Lima tenía solamente 94,195 habitantes, según el censo levantado por Manuel Atanasio Fuentes. Lo que significa que en 227 años la población de Lima creció 50 por ciento nomás. El avance intenso de la población empezó a partir de 1920, cuando Lima contaba con 198,875 habitantes que creció, casi 40 años después, a un poco más de 1.5 millones, según el censo de 1961.
Un poco más de 40 años después, según el censo de fines de 2005, Lima bordea los 7.5 millones de habitantes, representando casi el 30 por ciento del total de la población en el Perú.
A muchos les gusta tener mascotas en sus casas siendo las más populares los perros y gatos. ¿A quién se le ocurriría tener un ave de rapiña como mascota? Ello sucedió en la famosa Quinta Heeren de los Barrios Altos, en Lima, donde a inicios de la década de los 40's los habitantes de dicha quinta tenían un cóndor como mascota.
'La Pochola' era el nombre con el cual se le conocía a este  personaje que llegó a ser muy popular en esa tradicional quinta limeña que forma parte del Patrimonio Cultural de la Humanidad. 'La Pochola' solía jugar con los vecinos de la quinta y hasta con los perros que allí habitaban, pero le gustaba salirse de la quinta, de vez en cuando, y cuando la gente que circulaba por el Jr. Junín la veía, se quedaba aterrorizada y hasta el tráfico se detenía, sobre todo, cuando a 'La Pochola' se le ocurría abrir sus grandes alas. En una de esas escapadas, un tranvía atropelló a 'La Pochola' matándola y dejando muy sentidos a todos los vecinos de la famosa quinta ya que no iban a poder gozar más de la presencia y el cariño de su mascota.
En el Jirón Trujillo, distrito del Rímac, se encuentra la iglesia más pequeña del mundo, 'Nuestra Señora del Rosario', que también se le conoce como 'Capillita del Puente', por hallarse cerca del Puente de Piedra. Las dimensiones de la iglesia son de 8 metros de ancho por 12 metros de profundidad.
La hermosa estatua del Libertador Simón Bolívar que se encuentra en la 'Plaza Bolívar', frente al Congreso de la República, fue tan admirada desde su inauguración que en la ciudad de Caracas, Venezuela, hay una plaza que tiene una estatua idéntica a la que hay en la Plaza Bolívar de Lima. El gobierno venezolano, maravillado por la belleza de dicha estatua, pidió permiso a las autoridades peruanas de entonces para utilizar los moldes con que se construyó dicha estatua en Europa.
 El Amancay, una flor atractiva que es emblema de la ciudad de Lima, puede ser admirada sólo tres semanas al año brotando alrededor del 24 de junio para luego desfallecer a mediados de julio. La Pampa de Amancaes, en el Rímac, debe su nombre a la flor y fue escenario de una de las fiestas costumbristas que formaba parte de las tradiciones de la ciudad de Lima, 'La Fiesta de Amancaes'. Hoy en día, el Amancay ha desaparecido por completo del Rímac y la Pampa de Amancaes queda sólo en el recuerdo y en la letra de algunas canciones criollas que la mencionan. Pero se puede encontrar el amancay en las lomas de Pachacámac, en un área protegida que ha tomado el nombre de 'Santuario del Amancay'.
'La Huerta Perdida', uno de los lugares más tugurizados de Lima y que, lamentablemente, fue convertido en cuna y refugio de delincuentes, no debe su nombre al hecho de que la gente se pierda allí sino que durante la colonia el virrey La Serna con su esposa mandaron preparar una huerta hermosa en esa zona para lo cual hasta ordenaron que les trajeran de España cinco mil plantas. La huerta era tan bella que no sólo causaba admiración sino también la envidia de algunos que decidieron robar las plantas, de a poco, por las noches. Llegó un día en que ya no quedaban plantas en dicha huerta así que el virrey y su esposa, tristes por el hecho aquel, decidieron llamarla 'La Huerta Perdida'.
La famosa Calle Capón, que desde hace muchos años es el Barrio Chino, no debe su nombre a algún chino o palabra china, ni tampoco nació con los chinos que llegaron a Lima, como equivocadamente es mencionado por muchos. Los primeros chinos que llegaron al Perú lo hicieron en 1849 y recién en 1855 empezaron a ubicarse por el centro de Lima, especialmente en el 'Callejón Otayza' que quedaba en la esquina del actual Jr. Ayacucho con el Jr. Ucayali, donde empezaba la Calle Capón. En dicho callejón, los chinos vivían completamente hacinados durmiendo hasta en los suelos de las habitaciones.
Según el Dr. César Borja, quien por el año de 1880 hizo un estudio de las condiciones en que vivían los chinos, en el 'Callejón de Otayza' él encontró 650 chinos viviendo en 80 habitaciones pequeñísimas. En la finca del costado del callejón aquel, vivían 420 chinos repartidos en 63 celdas diminutas. El origen del nombre de la Calle Capón se remonta al siglo XVII, doscientos años antes que llegaran al Perú los primeros inmigrantes chinos, cuando en esa calle vivía un sacerdote de nombre Manuel Loayza quien tenía como apodo 'Capón', así que desde el siglo XVII esa calle se conoció con el apodo del mencionado sacerdote.
La calle Capón, en el actual Jr. Ucayali, era también una cuadra grande que abarcaba desde el actual Jr. Ayacucho hasta el Jr. Paruro; lo que significa que comprendía a las actuales 6ª y 7ª cuadras del Jr. Ucayali, como figura en el plano de Lima de 1858. Sin embargo, hoy en día llaman solamente Calle Capón, por desconocimiento, a la parte comprendida entre el Jr. Andahuaylas y el Jr. Paruro, que vendría a ser la séptima cuadra del Jr. Ucayali.
Cuando los chinos que se establecieron en Lima llamaban a comer, decían 'chi fan', que significa a comer arroz. El ingenio y la 'chispa' del limeño relacionaron aquello con los lugares donde se expendía la comida china procediendo a llamarlos 'Chifa'. En la actualidad 'Chifa' es el restaurante chino.

lunes, 25 de octubre de 2010

Nicolás de Piérola en la Historia del Perú

Fuente: Blog "Dignidad Nacional".

Seguramente Nicolás de Piérola debe ser uno de los personajes que más daño ha causado al Perú y sin embargo, a través del tiempo se le ha rendido pleitesía y hasta la principal avenida de Lima lleva su nombre. En las escuelas y colegios del país nunca se narró la historia verdadera de este político que le tocó ser una figura preponderante en los aciagos años de la Guerra del Pacífico, por el contrario se le menciona como al patriota que dio todo de si, por su patria.

Ni los conocidos historiadores, Jorge Basadre, Pons Muzo ni otro, se atrevieron a escribir la verdad sobre Piérola y no porque no supieran cual era lo cierto, sino, por el temor que casi siempre han tenido estos intelectuales a las clases dominantes y de poder en el Perú, además sabían que pasando por encima de monstruosas verdades, podrían sus libros ser aceptados por el Ministerio de Educación del Perú y por otro lado serian reconocidos como hombres ilustres. Por ejemplo, nadie dijo que en realidad la guerra del 79 no fue con Chile, sino que fue con un país poderoso como Inglaterra, la primera potencia del mundo en esos años, que uso a Chile como instrumento para arrebatarle a Perú y Bolivia las riquezas que guardaban su suelo, riquezas que como era natural fueron a parar a las empresas inglesas después. Como una muestra de esto, puedo señalar que Chile, por la adquisición de sus blindados Cochrane y Blanco Encalada, no pago ni un solo peso a Inglaterra que los construyó.


Sin embargo es importante que la historia real se vaya abriendo campo, porque como es sabido, solo los pueblos que conocen y respetan su historia pueden aspirar a un futuro mejor. Para no explayarnos en este tema nos centraremos en una parte de la historia.


Era el mes de noviembre del 1879, ya el Perú había perdido el Huáscar en Angamos y solo le quedaba un débil barco de guerra que era la corbeta Unión. El gobierno de Mariano Ignacio Prado, resolvió hacer una colecta nacional para comprar dos blindados que podían significar la salvación de la república, esta se llevo a cabo el último domingo de ese mes de noviembre y cuentan los que vivieron por esos tiempos, que todo el Perú acudió a ese llamado, desde las esferas acaudaladas, hasta los mas pobres, las mujeres entregaron sus joyas y los niños sus alcancías. Por los mismos días llegaba al Callao desde Santiago de Chile, Nicolás de Piérola, país donde se encontraba exiliado y con el amparo de la burguesía chilena que tenía el poder en esa nación. Apenas desembarcó empezó a conspirar en la oscuridad contra el gobierno, cosa que era costumbre en él, porque este fue el eterno revoltoso, que hizo revoluciones y montoneras, que siempre fueron derrotadas, por el gobierno de turno.


El 18 de diciembre del mismo año, el presidente Prado a escondidas se embarca en el Callao en un vapor que iba a Panamá, llevándose el producto de la colecta, que el pueblo peruano hizo para comprar dos barcos blindados, cuando llegó a Guayaquil renunció a su cargo y se fue a Paris de donde jamás volvió y fue un hombre acaudalado en la ciudad luz. Esta indignante traición apenas si se cuenta en la historia oficial del Perú. Mariano Ignacio Prado no volvió, pero años mas tarde si volvió su hijo Manuel Prado Ugarteche y aunque parezca increíble, el pueblo peruano lo eligió dos veces presidente. Es cierto que la amnesia de los pueblos no puede tener limite y su familia en el país, fue poderosa y acaudalada, ostentando lujos y osadía y todo eso con el dinero del hombres y mujeres, de niños y ancianos que se desprendieron de lo que tenían, porque pensaron que así se salvaría la patria.


La huida de Prado, significó el momento preciso que buscaba Piérola para hacerse del poder y así al frente de una montonera entró en Lima, para derrocar al gobierno que estaba a cargo del vice presidente, general La Puerta, hombre entrado en años y de poco carácter, que no opuso mayor resistencia, además las tropas acantonadas en Lima, a través de sus jefes anunciaron que no se batirían contra peruanos en un momento tan difícil para el Perú, por lo que aceptaban el gobierno de Piérola, para no causar mas males a la nación.


Apenas Piérola tomó las riendas del país, empezó un monstruoso plan contra su propio país, el Perú. Este hombre conocido como vanidoso, engreído y egocentrista, comenzó a dar los pasos para hundir a nuestro Perú, está claro que todo lo que hizo, fue cumpliendo consignas de sus amigos chilenos, de quien él fue, siempre un especial huésped.


Lo primero que hizo, fue cortar todo apoyo y abastecimiento al ejército del sur acantonado en Tacna, sitio donde se llevaría la segunda etapa de la guerra con Chile. Al Mando del ejército del sur o de Tacna, como también se le llamaba, estaba el Contralmirante Lizardo Montero, hombre que había combatido y derrotado a Piérola años antes en una de las muchas revoluciones que este inicio. Por lo tanto lo tenía como enemigo político y sentía celos de él, porque si tenía éxito en la campaña del sur, podría ser bien visto por el pueblo peruano y podría arrebatarle la presidencia. Pensando así, de esa forma tan mezquina, condenó a estas fuerzas peruanas al más absoluto abandono, en momentos en que se jugaba el destino del país.

El pueblo limeño al notar esta actitud, por demás reprochable del dictador, salió a las calles en ruidosas manifestaciones, pidiendo que se envíe socorro a los defensores del sur, que sufrían por escasez de alimentos, armas, municiones, ropa y los refuerzos necesarios para enfrentar al fuerte y numeroso ejército chileno que empezaba a desembarcar en Ilo, en ese tiempo llamado Pacocha. En Lima había en ese momento dos divisiones de ocho mil soldados cada una que había formado el general Lacotera, por orden del gobierno anterior y que permanecían inmóviles en sus cuarteles. Piérola para acallar las protestas ordenó enviar un cargamento secreto hacia Arica en la corbeta Unión, así fueron embarcadas con mucha fanfarrea y teatro un cargamento, en el que se suponía iba la salvación del ejército del sur. La misión era muy difícil, porque el puerto de Arica estaba bloqueado por la escuadra chilena. Manuel Villavicencio, marino hábil e inteligente, fue el encargado de llevar a la Unión a su destino, corrían los últimos días del mes de febrero de 1880. La Unión se acercó al puerto de Arica en la madrugada del 26 de ese mes y empleando buenos movimientos pasó en la oscuridad entre los buques chilenos y ancló en el mulle del puerto peruano e inmediatamente inició la labor de descarga, sin ocuparse de contestar al cañoneo de la flota del país del sur. El Huáscar que ya estaba al servicio de la escuadra chilena, intentó espolonear a la Unión, pero un certero cañonazo de una batería de tierra paró esa intención y además causó la muerte de su comandante, de apellido Thompson.


A las cuatro de la tarde la faena había terminado y sin perder tiempo y aun cuando el sol no se perdía en el horizonte, la Unión con una hábil maniobra logra romper el cerco de la poderosa escuadra chilena, en medio de las hurras peruanas del muelle, del asombro de los marinos chilenos y el aplauso y admiración de los barcos neutrales, que en señal de saludo lanzaron al aire sus sirenas. La Unión llegó al Callao, sana y salva.


Pasada la euforia, los peruanos en Arica comenzaron a desempacar el cargamento que vino en cajas cerradas y se dieron con la triste sorpresa de que solo les habían enviado montones de tela blanca y dos ametralladoras malogradas e inservibles. Piérola se había burlado de ellos y del pueblo peruano en la forma más cruel que se le pudo ocurrir. Este hecho que había levantado la moral peruana en un principio, significó un terrible golpe al ánimo de los defensores del Perú. Respecto a esto, el historiador chileno Vicuña Mackena dice "este hecho trajo desazón en los espíritus entre la oficialidad y tropas peruanas". Ahora sabían los peruanos del ejército del sur, que estaban abandonados a su suerte y que no recibirían nada de su propio gobierno. Piérola estaba cumpliendo su cometido, facilitar la derrota del Perú.


En este escenario, se dio la batalla de Tacna o del Alto de la Alianza, los chilenos avanzaron desde el norte con 18 mil soldados y 1200 jinetes de caballería, con numerosa artillería manejada magistralmente por los artilleros ingleses. Los peruanos que estaban aliados con Bolivia opusieron 6500 peruanos y 3000 bolivianos, sin caballería y con 12 piezas de artillería. El llamado ejército de Arequipa que había salido de Arequipa hacía dos meses antes, al mando del Coronel Leiva, con 2000 soldados, para unirse al ejército de Tacna, jamás llegó, avanzó tan lentamente que el día 26 de mayo día de la batalla, se encontraba en Mirave a 130 kilómetros de Tacna, de donde regresó a Arequipa, naturalmente este mal coronel no llegó a su destino por órdenes de Piérola que era su amigo y coterráneo. Ambos eran de Arequipa.


A pesar de la tremenda diferencia de fuerzas el encuentro fue horriblemente parejo, sobresaliendo el batallón Zepita al mando de Cáceres, y por el lado boliviano, los Colorados hicieron honor a su fama de aguerridos. Ante el tremendo empuje de valor y coraje aliado, el chileno empezó a retroceder y parecía que la victoria sería aliada, los batallones chilenos retrocedían y estaban a punto de entrar en pánico, a pesar de que los oficiales de ese ejército sableaban a los que daban la espalda. Sobre este momento, Vicuña Mackena escribe:
"Los batallones chilenos retrocedían y parecía que iban a entrar en pánico, en ese momento la suerte de Chile pendía de un hilo". Y lo que decía este historiador era cierto, porque Chile había invertido todo lo que tenía en esta batalla y si la perdía, simplemente perdía la guerra, porque les hubiera sido imposible volver a formar otro ejército. Pero fue en esas circunstancias que se detuvo el avance peruano, lo que había sucedido era, que se habían agotado las municiones, entonces los chilenos volvieron a la carga y a nuestros compatriotas no les quedó mas que batirse a bayoneta. Se perdió la batalla de Tacna y con ello la oportunidad de salvar a la nación, todo por la traición de un cucufato que se creía un dios, y que servía al enemigo, Chile. La derrota del ejército de Tacna, agobió al pueblo peruano, muchas lágrimas corrieron cuando se difundió la noticia, sin embargo en palacio de gobierno en Lima, hubo fiesta. El 28 de mayo de ese mismo año, dos días después de la batalla, se publicó en el diario oficial del gobierno de Piérola, llamado La Patria, un editorial que empezaba con las siguientes palabras: “Hace dos días atrás fue destruido en Tacna, el último reducto del corrupto régimen anterior", se refería a los mártires del Alto de la Alianza, que todo el Perú lloraba. A ese punto llegó la insania mental de este dictador al servicio de Chile, en el peor momento de la historia del Perú.


Pasaron los meses y el ejército invasor comenzó a desembarcar en las cercanías de Lima, todos los militares conocedores de su oficio le recomendaban salir al encuentro de esas tropas chilenas que estaban desembarcando para batirlas por separado impidiendo que puedan concentrarse, el diario El Comercio, en sus artículos y editoriales también exigía eso, sin embargo Piérola reacio a todo consejo, permaneció inmóvil permitiendo que los chilenos tranquilamente desembarcaran y se trasladaran a Lurín. En el fondo no quería delegar a nadie el mando del ejército, tampoco quería dejar palacio de gobierno, por eso decidió esperar al ejército de Chile, en las puertas de Lima. Así llegó el 13 de enero de 1881, en San Juan se dio el primer encuentro del compacto ejército chileno apoyado por su escuadra, contra un ejército peruano totalmente mal dirigido por un egocentrista pechoño, como era Piérola. Naturalmente el resultado no pudo ser bueno para los peruanos, que tuvieron que retroceder hacia la segunda línea colocada en Miraflores.


Terminada la batalla de San Juan, la soldadesca chilena se desbandó y comenzaron a saquear las residencias de Chorrillos y cercanías, donde había muchas bodegas de vinos y otros licores, productos que los soldados mapochinos comenzaron a beber en forma desenfrenada, mientras le prendían fuego al pueblo.


Preocupado el General Baquedano, comandante en jefe del ejército chileno, le pidió una tregua a Piérola, cosa que este aceptó inmediatamente, naturalmente que tenía que ser así, Piérola, no podía permitir una debacle del ejército chileno. En la noche mientras el fuego consumía las casas y residencias y los chilenos se mataban entre si y otros dormían en las calles o deambulaban totalmente embriagados por el alcohol, se presentó ante el dictador peruano, el Coronel Cáceres, para pedirle permiso y atacar con su batallón de dos mil hombres a los chilenos en la absoluta convicción que con esa acción terminaría con el ejército chileno que se hallaba desbandado y borracho y con ello se ganaría la guerra. Naturalmente, Piérola le negó el permiso, aduciendo que le había dado su palabra al comandante chileno de que no atacaría, una prueba más de que este hombre, servía a Chile. Naturalmente, cuando ya a los chilenos se les pasó la borrachera y se reagruparon, se olvidaron de la tregua y empezaron el ataque contra la segunda línea defensiva que estaba en Miraflores esto ocurrió a medio día del día 15 de enero. Las mal distribuidas fuerzas peruanas poco pudieron hacer y a Piérola, el comandante en jefe, no se le vio dar ni una sola orden y cuando ya todo estaba consumado, se retiró del escenario hacia Lima y para no dejar inconclusa su obra contra la Patria, ordenó a todos los soldados depositar sus armas en el cuartel Santa Catalina, por esta acción, los chilenos cuando ocuparon Lima, encontraron 15 mil fusiles en el mencionado cuartel. Piérola después de haber dado esta última orden huyó a la sierra, pero después de algunos años volvió a la escena política y como es normal el mal de amnesia de nuestro pueblo, fue hecho presidente nuevamente.

Esta es la historia del accionar de Piérola en la etapa de la guerra con Chile, sus actos de flagrante traición a la Patria, deberían haberlo sepultado bajo un montón de tierra, sin embargo, su nombre figura en plazas, calles, clubes, billetes de moneda y otros sitios que debieran estar reservados para hombres que honraron a la nación.