domingo, 8 de agosto de 2010

Envidia al Perú

Marcos Aguinis - La Nación


Luego de siete años regresé a esta ciudad, invitado por su Feria del Libro. Confieso que me asombró. Sus calles limpias, los muros bien pintados, infinitos trabajos de restauración, incontables nuevos edificios, tareas para mejorar el tránsito, embellecimiento de la costa y un clima general de optimismo generan una impresión fuerte. Se celebraban las fiestas patrias y, como argentino, me dio placer corroborar el amor de este país por San Martín, a quien incluso en la prensa se lo celebra como más querido que Bolívar, dato explícito que no tienen pudor en disimular. No soy de los que caen fácilmente en una precaria competencia de próceres, pero quizás en el Perú se insiste en la energía de este vínculo para referirse -de modo oblicuo- a la firmeza con la que sucesivos gobiernos han rechazado las seducciones del atrasista club "bolivariano" de Hugo Chávez. En efecto, se insiste en que la fecha de la Independencia y los colores de la bandera nacional siguen siendo las determinadas por el Libertador argentino, no las del nacido en Venezuela. Es un dato poco relevante, pero que no se debe perder de vista.
Más relevante es la encuesta sobre un 95 por ciento de peruanos actualmente orgullosos y optimistas de su país. La encuesta también revela que grandes problemas están siendo resueltos de forma satisfactoria, pero aún sigue pendiente la derrota de la delincuencia, el narcotráfico y la corrupción, males que se extienden como un manto demoníaco sobre toda América latina.
Un hecho notable, y que produce mi envidia de argentino, es que sucesivos gobiernos caracterizados por discursos diferentes han mantenido continuidad en varias políticas de Estado. No han pretendido empezar de cero y romper con todo lo precedente. Aunque son notorias muchas diferencias de doctrina y discurso, se han mantenido las decisiones correctas o genuinamente beneficiosas. Fujimori está preso, pero no todo lo realizado por su gobierno fue despreciado ni destruido; su hija es diputada y aspira a ser presidente. Es obvio que se condene el autoritarismo y la corrupción de Fujimori y Montesinos, pero no su éxito contra el delirante Sendero Luminoso y el alivio a las cargas del Estado mediante la privatización de empresas deficientes (el programa económico de Fujimori fue el de Mario Vargas Llosa, su rival en las elecciones, lo cual se consideró al principio una felonía y luego una decisión sabia). Las vigorosas líneas liberales del presidente Toledo perduran en el actual. Y el actual, inspirado en el viejo APRA, lleva adelante una gestión moderna que habría escandalizado a Haya de la Torre, su fundador. Lo cierto es que Perú ingresó en una ruta de progreso acelerado. La sucesión gubernamental fluye de modo coherente y lógico, con la mirada puesta en el futuro. Integra otro club de países latinoamericanos menos ruidoso, pero más brillante, compuesto por Chile, Brasil, Uruguay, Colombia y Costa Rica. Su deseo de estrechar más los vínculos con la vecina Colombia se ha manifestado en la visita del presidente electo, antes de su asunción.
Muchos peruanos emigraron por la pobreza. Muchos aún no consideran oportuno regresar. En el concierto de las naciones, su país no estaba en una ubicación brillante. Pero las cosas empezaron a cambiar. Es lo meritorio. Y es justo reconocerlo.
La libertad de prensa no sufre acosos. Luego del discurso del presidente en el Día de la Independencia, me concentré en los medios que se consideran favorables a su gestión. Ahí pude corroborar que no existe la prensa oficialista. Hasta los diarios que se señalan como más cercanos al Ejecutivo no saltearon una página sin estrujar alguna crítica. En el abanico de opiniones aparecían contrastes, repeticiones, sospechas y hasta golpes bajos. En la televisión, Jaime Bayly hizo desternillar de risa con sus disquisiciones de sierra inclemente. No había espacio radial que no lanzara puntos de vista opuestos al discurso. Predominó la tendencia de afirmar que era un melancólico mensaje de despedida, porque el año próximo habrá elecciones y no volverán a caer en una insana reelección: aprendieron de la experiencia. Pero también se tuvo la grandeza de reconocer que Alan García deseaba irse esta vez con gloria y no como un delincuente.El Comercio , fundado en 1839, tituló en tapa con una frase de himno triunfal: "¡No dejaré bombas de tiempo!". Fue lo más destacado del discurso presidencial. Y, al ser repetida por los medios, aplaudían a un mandatario que no quiere depositar cargas horribles sobre los hombros de su sucesor. Es la clave de una continuidad positiva, de un progreso que beneficie al país.
Alan García inició su segundo mandato hace cuatro años, luego de casi dos décadas de exilio y una sostenida mala imagen. La nación tragaba saliva ante cada uno de sus gestos. Las elecciones habían sido amargas, porque el país oscilaba entre lo malo y lo peor. De un lado, el candidato populista e irresponsable que debió huir por los techos; del otro, el nacionalista Ollanta Humala, que conducía al fascismo antisistema. Ahora los miedos se han disipado. García aprovechó su estada en el exterior para ver y estudiar el mundo. Madurar. Y se dedicó a un gobierno sin sobresaltos, con la serenidad de quien no desea mantenerse encadenado a ideologías arcaicas ni elevar su imagen con experimentos absurdos. Fue un continuador de las cosas buenas. Incluso tuvo la lucidez de realizar autocríticas sobre algunas tareas incumplidas y otras hechas mal. Varios comentaristas subrayaron la debilidad y la escasez de esa autocrítica. Pero un argentino no podía sino asombrarse de algo que duele por su ausencia en la propia patria.
Es claro que Alan García desea irse bien para regresar después del período alternativo. Ahora no deberá pedir asilo en una embajada. Pero jugará una carta aún incierta su zigzagueo familiar. Tiene una hija de un primer matrimonio, luego varios con la cordobesa Pilar Nores y ahora un niño de seis años con otra mujer. El niño estuvo presente en los actos oficiales y se desempeñó con una primorosa picardía que la televisión se ocupó de destacar. Pero los comentarios insistieron en la ausencia de su esposa oficial y de la madre del niño que, se dice, está de nuevo embarazada. Hasta se criticó al cardenal primado por haberle dado la comunión a un adúltero en la solemne misa y tedeum.
De todas formas, el presidente lució su personalidad sosegada y socarrona, cansado por luchas ingratas (el escándalo de los petroaudios lo obligó a cambiar todo su gabinete). Por eso abundó en el pormenorizado detalle de su obra. No escatimó estadísticas para convencer sobre la verdad de sus afirmaciones, aunque no faltaron después quienes dijeran que estaban falseadas. De todos modos, es innegable que su gestión fue empedrada de innumerables y trascendentales obras. Un aspecto notable es el crecimiento de la inversión externa y local, que se ha traducido en la creación de millones de nuevos puestos de trabajo, un descenso notable de la desocupación y un incremento de la capacidad adquisitiva. Este rubro no es sólo el producto de este gobierno, como ya dije, sino de la consolidación de una confiable seguridad jurídica. En la vitrina, instaló los admirables progresos obtenidos en materia de educación, también envidiables.
El cáncer de la corrupción fue señalado sin maquillajes. Pidió al Poder Judicial más rapidez, eficacia y logros concretos para disminuirla. Dijo que ni el Congreso ni las fuerzas armadas deben considerarse exentas de aplicar su control en este rubro. De 2002 a 2009, 11.876 funcionarios públicos han sido procesados por delitos de corrupción. Pero no es suficiente para recuperar la salud.
El Comercio recordó lo expresado por el presidente días atrás: que el evidente progreso de la macroeconomía no habría sido posible si antes la nación no hubiera depuesto odios y pasiones estériles. Y, como argentino, volví a sentir envidia.
Perú no es aún una nación desarrollada. Carga vicios y conflictos que llevará tiempo superar. Pero ha logrado encaminarse bien. Algunos escépticos señalan que siempre hubo razones para un crecimiento acotado y que, tal vez, el crecimiento actual no se mantenga. Lo cierto es que ahora el progreso no se limita a ciertas actividades económicas, sino que abarca muchos aspectos fundamentales, como la educación, la inversión, la consolidación institucional y una sensata política exterior. Incluso la variedad étnica que durante siglos fue motivo de ensañamientos, ahora se reconoce como la fuente de un logro celebrado en todo el mundo: la calidad y originalidad de la cocina peruana, de cuya exquisitez me declaro testigo

sábado, 7 de agosto de 2010

Patrimonio Incultural

Miguel C.

Recientemente y con motivo de Fiestas Patrias 2010, me dirigí a Ayacucho, que aún estaba en mi lista de lugares no conocidos. Indudablemente, el interés priorizaba el Campo de Batalla de Pampa de Quinua, en donde la historia nos dice que se libró la batalla final por nuestra Independencia aunque los ayacuchanos dicen que esta sucedió en Colpahuayco y que en la pampa  solo se firmó la Capitulación (dicho sea de paso, una Capitulación en la todos los artículos con excepción de uno fueron a favor de los realistas, a pesar que los realistas “perdieron”). También otros lugares de interés como Vilcashuamán, Wari, Pomacochas Intihuatana donde se puede sentir nuestra historia y la perseverancia de un alicaído INC que hace esfuerzos para desarrollar el trabajo arqueológico mientras que la naturaleza, la falta de recursos, los malhechores y la falta de conocimiento hacen lo contrario.
No podemos ocultar que somos un pueblo inculto. Una de las demostraciones de educación es el respeto que podemos demostrar. Al legado de nuestros antepasados, los monumentos, el prójimo, la propiedad privada y demás etcéteras. Da mucha pena que cuando uno viaja al interior del país saltan algunas evidencias:


En las fotos de arriba señalo con flechas en la representación que existe en la parte posterior del monumento a los vencedores de Ayacucho en Pampa de Quinua, las mutilaciones que han practicado resucitados verdugos del siglo XX. Amputaciones y decapitaciones que no han sido curadas con Yodo sino con pintura negra.

Las autoridades no escapan de este problema, ya que a vista y paciencia de ellas, -con su consentimiento-, hacen uso de estas reliquias para lo que en ganas les venga, como por ejemplo, utilizar de tribunas el templo al Sol y La Luna en Vilcashuamán con el subsecuente deterioro de las estructuras.



Hace no mucho, hubo un escándalo periodístico por unos extranjeros que pintaron unas piedras en Cusco. Sería porque se trataba del Cusco o porque se trataba de chilenos?  No he escuchado ni leído nada de pintas en la mismísima Plaza de Armas de Vilcashuamán como abajo demuestro. Será porque se trata de connacionales o ignorantes o porque es un pueblo que los Apus ya olvidaron?
   

 Será que la única alternativa para ordenarnos sea la pena de muerte, como lo fue en al antigüo?

jueves, 5 de agosto de 2010

Cuadro de Ascensos de A.A.Cáceres

                CUADRO DE ASCENSOS
         MARISCAL ANDRÉS A. CÁCERES

SUB TENIENTE                                                13-05-1854
TENIENTE GRADUADO                                    27-01-1857
TENIENTE EFECTIVO                                      12-06-1857
CAPITAN GRADUADO                                     11-01-1858
SARGENTO MAYOR GRADUADO                     01-07-1863
SARGENTO MAYOR EFECTIVO                        13-06-1865
TENIENTE CORONEL GRADUADO                    03-07-1865
TENIENTE CORONEL EFECTIVO                       16-11-1872
CORONEL GRADUADO                                     18-01-1875
CORONEL EFECTIVO                                        27-10-1879
GENERAL DE BRIGADA                                    26-05-1881
CORONEL DE DIVISION                                    25-10-1886
MARISCAL                                                       10-11-1919

viernes, 30 de julio de 2010

Somos un País que Humilló a Hitler

La historia empieza en 1936....

Lo que no se dice de Bolívar I

Hernán Ayín Schiaffino






Bolívar era un hombre de 1.63 m de estatura y un tanto azambado, al cual desde niño sus educadores le enseñaron la historia de los pueblos particularmente la del Perú y sus riquezas y parece que, desde muy temprana edad, mantuvo una serie de prejuicios hacia el Perú.




Sin Bolívar el Perú no se hubiera independizado el año 1824. Pero sin él el Perú hubiera sido más grande y fuerte. Nuestro libertador sacrificó, expolió, engañó y cercenó al país a tal extremo, que ninguna otra nación latinoamericana jamás llegó a pagar por su independencia lo que el Perú pagó por la suya, ninguna otra tampoco estuvo en tanto peligro de perder aún más. Sin Bolívar nuestra independencia hubiera demorado unos años. Con Bolívar nuestras pérdidas fueron irrecuperables.




En solo quince meses Bolívar logró la victoria contundente que puso fin a trescientos años de colonialismo. Pero la premura por independizarnos el año 1824 nos costó, entre muchas  cosas, la pérdida de más de la mitad del territorio nacional . ¿Ha habido otro país latinoamericano que haya pagado por su independencia más de un millón cien mil kilómetros cuadrados? Bolívar no se contentó con despojarnos de Guayaquil y el Alto Perú, también pretendió apoderarse de Jaén y Maynas (que en esos tiempos abarcarían más de cien mil kilómetros cuadrados, esto es el 10% del territorio nacional actual) y regalar a Bolivia la costa desde Tacna a Antofagasta.




Otros pagos por nuestra independencia el año 1824 fueron: el continuo atropello a la constitución, el mancillamiento del parlamento, la traición a la población indígena, la restauración de la esclavitud (que había sido abolida por San Martín)  y lo peor de todo (peor aún que la pérdida de la mitad del territorio nacional) fue el mal ejemplo de caudillaje militar que dejó un libertador quien, a pesar de su carisma, indudable genio e inteligencia, no fue capaz de comprender que el Perú no necesitaba un modelo como él ni como Napoleón ni el César, sino como el de Washington o Jefferson. Por eso Bolívar al morir, no dejó ni herederos ni herencia (murió pobre y abandonado y enterrado con una camisa prestada), solo burdos imitadores y caos que hasta ahora en pleno siglo XXI siguen amenazando con sus personalidades torcidas e   ideas por demás obsoletas.




Nuestro libertador se convirtió en el peor enemigo que ha tenido el Perú en su historia. La ambición de Bolívar por desplazar a San Martín como el libertador del Perú surgió a medida que fueron aumentando sus triunfos en Venezuela y Colombia, aunque realmente fue consecuencia de un proceso que estuvo latente en su mente desde hacía mucho tiempo atrás. Sus primeros estudios como se ha mencionado, sobre la historia de los pueblos, inculcó en él una mezcla de admiración y envidia por la riqueza del Perú, unido   a un justificado desprecio a la acomodaticia sociedad limeña, que a veces hacía extensivo inmerecidamente a la población en general. Todos estos sentimientos desembocaron en un temor a que el Perú, luego de su independencia, pudiese alcanzar en América del Sur la hegemonía que ya había ejercido en la colonia.




Por otro lado, ahora que sus seguidores hablan de ir en contra del imperialismo; Bolívar, mucho antes que sus triunfos en Venezuela y Colombia   escribió cartas desde Jamaica (1815)  en las que refleja su ambición de poder y apela a cualquier recurso incluyendo someterse y negociar con el imperio del momento, ofreciendo descaradamente territorios y pueblos ajenos, así en  carta que dirige a Maxwell Hyslop, importante hombre de negocios inglés, le pide ayuda material y económica a cambio de regalarle países que no le pertenecen (Panamá y Nicaragua):




(…) Ventajas tan excesivas pueden ser obtenidas por los mas débiles medios: veinte o treinta mil fusiles; un millón de libras esterlinas; quince o veinte buques de guerra, municiones, algunos agentes y los voluntarios militares que quieran seguir las banderas americanas (…) Con estos socorros pone a cubierto el resto de América del Sur y al mismo tiempo se puede entregar al gobierno británico las provincias de Panamá y Nicaragua, para que forme de estos países el centro del comercio del universo por medio de la apertura, que rompiendo los diques de uno y otro mar, acerque distancias mas remotas y hagan permanente el imperio de Inglaterra sobre el comercio.




En otra carta, que después es conocida como la Carta de Jamaica, hace un análisis de los países de América del Sur y las probabilidades que tienen para resolver los problemas políticos, económicos y sociales. Sobre el Perú dice entre otras cosas lo siguiente:



(…) El virreynato del Perú, cuya población asciende a millón y medio de habitantes, es sin duda el más sumiso y al  que mas sacrificios se le han arrancado  para la causa del rey, (…) Chile puede ser libre. El Perú por el contrario, encierra dos elementos enemigos de todo género justo y liberal: oro y esclavos. El primero lo corrompe todo; el segundo está corrompido por si   mismo. El alma de un siervo rara vez alcanza a apreciar la libertad; se enfurece en los tumultos o se humilla en las cadenas. (…) Supongo que en Lima no tolerarán   los ricos la  democracia.




Cuando Bolívar menciona los esclavos y siervos, aludía principalmente a los indígenas, por los cuales no guardaba ninguna estimación (en otra de sus cartas decía: 'los indios son todos truchimanes, todos ladrones, todos embusteros, todos falsos, sin ningún principio moral que los guie'). Bolívar no cambió de opinión sobre los indígenas durante la preparación de la guerra por la independencia, a pesar de la ayuda que recibió de los guerrilleros indígenas y de los batallones peruanos, formados principalmente por indios.




Con ese criterio de por medio, dispuso de la vida de indígenas sin mayor reparo ni consideración. Fue así como se originó el triste, despiadado y poco divulgado asunto de los miles de peruanos que reemplazaban las bajas colombianas y que luego de la Independencia fueron enviados   con engaños a la Gran Colombia donde murieron presa de las fiebres tropicales y el maltrato.   Fueron aproximadamente 6,000 peruanos y las condiciones en que vivieron los indígenas peruanos expatriados eran lamentables. Vidaurre, (aquel intelectual que fue tan sumiso y leal a Bolívar y que posteriormente dio un giro de 180 grados convirtiéndose en   uno de sus más críticos y opositores) cuando estuvo de tránsito en Panamá le escribió al Presidente La Mar: 'He visitado los cuerpos de tropas devueltos a Colombia. En los primeros, para cada cien soldados peruanos había un colombiano . En los segundos, conducidos por el general Antonio Valero, no hay un solo hombre  que no sea  de mi país, si se exceptúa la oficialidad. ¿Pero que clase de hombres? Tomados de improviso en medio de las calles y plazas, sin respetar su edad, oficio ni pertenencia. Aquí presencie el llanto de un pintor que dejaba a su mujer y cinco hijos; aquí conocí   esclavos de muy buenos y fieles patriotas; aquí acompañé el llanto de serranos infelices que iban a morir con la diferencia del clima'.




También fueron llevados 'reemplazos peruanos' a Bolivia, pero en ese caso la cercanía y las circunstancias harían mas llevadera la ignominia, y más fácil la deserción para regresar al Perú.




La suerte final que corrieron esos miles de peruanos enviados por el libertador realmente nadie la sabe; las guerras civiles en el Perú y en Venezuela y Colombia agravaron su situación. Pasaron más de 25 años cuando en un período de cierta estabilidad política se encontró a un pequeño grupo de sobrevivientes peruanos en Colombia y otro en Venezuela. Ellos fueron repatriados en 1852 y 1857. Los jóvenes que salieron de 25 años tendrían 50. Serían ancianos, si consideramos el promedio de expectativa de vida de ese tiempo. Ningún historiador le ha reprochado esta canallada a Bolívar. Y no hablemos de las propiedades de los indígenas que les fueron arrebatadas y fueron vendidas para proveerse de fondos y por último el retorno a la esclavitud que había sido abolida por San Martín.




Por eso y muchas cosas más, es que debemos recordar esta magna fecha, a pesar de que inicialmente ese ejército libertador fue conformado por extranjeros y luego reemplazados por peruanos que fueron el cimiento del Ejército del Perú. Pero tampoco debemos olvidar lo que hizo y   pretendió Bolívar en el Perú, particularmente hoy que vemos a un sujeto trasnochado que está creando mucha inestabilidad en la región y que quiere exportar sus ideas (la difusión de su Alternativa Bolivariana para las Américas está en su propuesta de constitución que felizmente no ha sido aceptada por el pueblo venezolano en el reciente referéndum). Por eso debemos estar alertas y combatir a sus seguidores en el Perú para evitar su infiltración.

Lo que no se dice de Bolívar II

Los restos del Libertador
[Tomado de ND]


Revisando los relatos de los sucesivos enterramientos de Bolívar, no hay elementos para suponer que los restos se encontraron a salvo de los elementos. En Santa Marta fue enterrado tres veces, pues sus restos debieron ser trasladados, una vez por daños a la tumba por un terremoto (el féretro quedó parcialmente destruido), y otra vez por inundaciones en la Iglesia de Santa Marta las cuales dejaron expuesto el féretro y los restos al lodo y la humedad por un tiempo relativamente prolongado. 

Cuando los restos llegan a Caracas, son examinados por José María Vargas, quien dictamina que se encuentran en estado "deleznable" (a punto de volverse polvo) y oscuros debido a la exposición a la humedad. Se lavan los huesos, se barnizan y se rearman con hilos de plata y plomo, no sin que se pierdan muchos de los huesos pequeños como las falanges de las extremidades. 

Cuando el cuerpo se pasa de la Catedral al Panteón Nacional, nadie reabre la urna, por lo que es de suponer que no hay cambios desde 1842 hasta 1878. Sin embargo, en 1913 se procede a la remodelación del Panteón Nacional debido a que el techo se cayó precisamente sobre la tumba de Bolívar, aplastando la tapa de la urna de plomo y la de madera, cayendo ambas sobre lo que quedaba del esqueleto, especialmente hacia el lado del cráneo. 

En 1947, durante el Trienio adeco, se efectuaron remodelaciones en la Cripta de los Bolívar en Catedral, encontrándose que todas las tumbas habían sido profanadas, excepto la de María Antonia Bolívar. Lo curioso es que entre los restos esparcidos, el Doctor José "Pepe" Izquierdo encuentra los restos de un cráneo que, no sólo se encontraba barnizado, tal como relata Vargas que se hizo con los de Bolívar, sino que muestra signos de haber sido sometido a una autopsia. El único miembro de la familia Bolívar cuyos huesos estaban barnizados y que fue sometido a autopsia fue Bolívar, por lo que Izquierdo acude a la Asamblea Nacional Constituyente de la época, y una comisión encabezada por Andrés Eloy Blanco y conformada por Mario Briceño Iragorry, Vicente Lecuna y Rafael Caldera entre otros, dictamina, sin abrir la urna (por lo menos que se sepa) y con apoyo de "testimonios" de miembros de la Academia Nacional de la Historia, que los restos del Panteón son los del Libertador. 

El cráneo de la Cripta de los Bolívar desaparece después del Golpe de Estado de 1948, y el relato de los hechos sólo queda plasmado en un libro titulado "El cráneo del Libertador" editado en 1955 por el Dr. José Izquierdo. 

Ahora, personalmente, viendo el video de los supuestos restos de Bolívar, a mi modo de ver es altamente improbable que los que vemos dentro de esa urna sean los restos del Libertador. Se encuentran en unas inusuales buenas condiciones para todos los avatares que sufrieron, demasiado enteros (hasta las costillas se encuentran casi intactas) y el cráneo se encuentra sin rastros de daño. Muy raro todo esto.